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"El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe."
Diógenes de Sínope
 
 

 

La estrategia del insulto

 

Realmente vivimos unos momentos de crisis, y no tan sólo a nivel económico.  Hay días en los que uno se levanta y se pregunta si por azar no ha retrocedido en el tiempo. Miras la cartelera cinematográfica  y la lista de películas incluye Rambo, La Jungla de Cristal, y pronto Indiana Jones. Y en lo político, resurgen algunas viejas glorias.


Alguien ha sacado del formol  en que se conserva al Sr. Felipe González, indudablemente con la intención de espolear a un cierto sector de la izquierda socialista absolutamente desorientado con la política zapaterista. Parece ser que todos han olvidado el infausto modo en que el sevillano tuvo que abandonar su carrera, tras una legislatura –por centrarnos sólo en la última- repleta de maletines, escándalos, comisiones ilegales,  guerra sucia, y cadáveres encalados  que jalonaron sus últimos estertores como Presidente del Gobierno. La España de Roldán, de Filesa, Malesa, Time Export, y del pelotazo. Una España que supo salir de ese infecto agujero depositando su confianza en José María Aznar.


Y es ahora González el que vuelve por sus fueros disparando con sus envenenados dardos a todo aquel que no comulga con su credo. Da igual que en público y privado haya renegado de las estrategias del nuevo PSOE de Zapatero. Da igual que la política autonómica seguida estos últimos cuatro años haya puesto en jaque la cohesión del país y la confianza de los españoles en un proyecto común. Es que ahora toca defender “el negocio”.


Imbécil. Dícese del que anda escaso de razón; tonto, idiota. Una palabra que resume un estilo de hacer política. Un exabrupto que desmonta el talante y pone de manifiesto la estrategia de tensión y dramatización. Pero lo peor es que viene de la boca de aquel que más tiene que callar.


¿Acaso le falta razón a Mariano Rajoy en lo que dice?  El PSOE se ha atrincherado en una realidad virtual donde no hay crisis, el paro es residual, las víctimas de violencia doméstica son cada vez menos y hay una evidente cohesión nacional. El problema es que cuando uno interioriza ese panorama se da cuenta de que la realidad no es así: cada vez cuesta más llegar a fin de mes, suben las hipotecas, más de 4.400 personas pierden cada día su empleo, el Gobierno echa la culpa a las víctimas de sus agresiones y algunos españoles, aunque menos de lo que su vociferante discurso podría indicar, quieren fracturar la nación española.


Por sus hechos les conoceréis. De Zapatero ya nos esperamos casi cualquier cosa. Es un personaje cuya mayor virtud es la mercadotecnia, capaz de vender espejismos. Eso no es lo que necesita España. Lo que necesitamos todos es un Presidente que asuma el mando y gobierne para todos, preocupándose en primer lugar de los problemas reales de la gente real. Un Presidente que devuelva a los españoles los valores del trabajo, las virtudes de la educación y el premio del mérito. Un Presidente, en suma, que devuelva a los ciudadanos el orgullo de pertenecer a esta gran, aunque denostada, nación.


España necesita al Partido Popular. España necesita a Mariano Rajoy.

 

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