
Gana la democracia

Un momento de la ponencia política |
Hace unas pocas horas que ha terminado el XII Congreso del PPC, al que he tenido ocasión de acudir como compromisario. Mariano Rajoy, clausurando el evento fiel a su ingenioso estilo, ha desgranado un discurso de alto calado político, trufado de acertados comentarios. El ambiente no tenía nada que ver con el del primer día.
El Congreso no pudo arrancar peor. Una serie de catastróficas desdichas y coincidencias, algunas de carácter técnico y por tanto no achacables a nadie en particular, otras producto de unos ánimos exacerbados por los acontecimientos previos, marcaban negativamente el iter congresual. Y es que este partido tiene mucho que aprender en materia de comunicación. Intentaré exponer sucintamente los hechos tanto para ordenar mis pensamientos como para dibujar un retrato fiel. |
| De todos es conocido el accidentado proceso de presentación de candidatos. Los motivos que Alberto Fernández Díaz, Daniel Sirera o Montse Nebrera tenían para presentarse pertenecen a su esfera privada y no me corresponde juzgarlos. Sin embargo, a pocos días del cierre de la presentación de avales, y tras distintos acercamientos entre las partes, algunos más públicos que otros, se introdujo un cambio esencial en el equilibrio pre-congresual: dos de los candidatos renunciaban a favor de una candidatura de consenso. Esta, y no otra, es la cuestión. Algunos pasaban a interpretar que se había producido una injerencia desde Madrid; otros aseguraban que el nombre puesto encima de la mesa, Alicia Sánchez Camacho, era producto de la negociación entre Fernández y Sirera. En todo caso el más grave error era la forma en que la noticia era transmitida a las bases del partido; la mayor parte supimos de la noticia mediante llamadas furtivas, los más afortunados, o la prensa de toda condición, siempre desde la firma “Agencias: Madrid”. Los titulares tampoco ayudaban a calmar un ambiente cada vez más enrarecido:“Génova impone un candidato de consenso”. |

Rajoy con Alicia Sánchez-Camacho
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Ello produjo en los compromisarios, bien puedo atestiguarlo, una situación de desamparo, rabia, indignación y desconcierto, en mayor o menor medida según la persona. Las noticias estrictamente generadas o relativas al PPC deben ser tramitadas y emitidas estrictamente desde el ámbito territorial de Catalunya. Dada la condición del Partit Popular de Catalunya como integrante de una estructura nacional como es el PP, es lógico, e incluso deseable, que algunos asuntos se negocien o sustancien desde los órganos de dirección nacionales, pero es esencial que tanto nuestros miembros –haría el chiste de las miembras, pero me cansa tanta estupidez semántica-, como nuestros simpatizantes e incluso la sociedad civil catalana pueda percibirnos como una entidad propia y capaz de manejar sus propios asuntos. Y mientras no sea así estaremos estigmatizados como un apéndice de Madrid. Que conste que esto no tiene nada que ver con el orgullo de pertenecer a un partido en el que, literalmente, te juegas la cara y a veces resulta que el golpe viene de donde menos te lo esperas.

Mariano Rajoy durante su intervención
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La negociación de la candidatura de consenso para evitar un voto de castigo a Dani Sirera, él sabrá si se lo merecía, acabó con un voto de castigo al propio partido. El arquitecto de tan brillante componenda debería meditar profundamente si se ha optado por la mejor solución, y si valía la pena el precio pagado. Pero no es el único que debe hacer un examen de conciencia. Uno de los peores recuerdos que muchos nos hemos llevado del Hotel Barceló Sants ha sido el lamentable espectáculo de ver a una caterva de exaltados perdiendo la compostura y vulnerando aquellos mismos derechos que dicen defender. Y lo peor es que esta vez no eran radicales, de los que ya esperamos estas actitudes: esta vez eran compañeros de filas. Más de uno debería reflexionar estos días sobre su comportamiento y sobre la imagen que ha podido trasladarse al exterior. No se trata de coartar la libertad, sino de ejercerla con responsabilidad. |
Puedo entender perfectamente la desilusión y el desconcierto que una errónea maniobra estratégica ha podido crear en amplios sectores de nuestro partido; puedo entender que en el ejercicio de la plena libertad democrática se opte por usar el voto como una muestra de disconformidad con decisiones de dudosa oportunidad; incluso, aún forzando mis principios, puedo disculpar un recibimiento educadamente hostil a los miembros del partido nacional y a los impulsores de esta “entente cordiale” que tanto ha encrespado los ánimos. Pero me avergüenza profundamente la falta de clase, educación, y buenas maneras de la que algunos de los sujetos asistentes al Congreso, ya fueran compromisarios o invitados, hicieron gala. Da igual que fuesen seguidores de Nebrera, de Fernández o de Sirera, su comportamiento fue inadmisible; y lo fue especialmente porque muchos miembros de nuestro partido sufren en sus carnes ese tipo de intolerancia día a día. En este Congreso se ha podido decidir con el voto quién debía dirigir el PPC durante los próximos años, y cada compromisario ha tenido en su mano la facultad, libre, democráticamente, y en secreto, de hacerlo. No podemos enarbolar la bandera de la libertad para cercenar el derecho a la palabra, no nosotros.
Las bromitas sobre el ambiente caldeado no se hicieron esperar, dado que el aire acondicionado de la Sala de Convenciones dejó de funcionar. Las intervenciones de Ana Mato y Javier Arenas fueron correctas, pero frecuentemente interrumpidas. La de Daniel Sirera fue más tranquila, dada su condición de Presidente saliente. Y ya por la tarde, sufriendo de antemano ante la perspectiva de volver al horno en que se había convertido la Sala, intervinieron las candidatas. El discurso de Montse Nebrera fue más sentimental, basado en el hilo argumental de un sueño, a veces personal, a veces colectivo, y muy personal, rasgo que se ha destacado durante toda su campaña. Alicia Sánchez Camacho presentó un discurso más institucional, aunque algunos apuntes forzados acabaron de deslucir una intervención en la que, al igual que Nebrera, se mostró muy nerviosa. Fueron intervenciones correctas pero no brillantes.
Las votaciones fueron rápidas y seguidas ya desde la calle por una gran mayoría de compromisarios, hartos de un cierto ambiente de crispación contenida y del calor no ya humano sino, a todas luces, inhumano. Y sobre las nueve, el resultado: vence Sánchez Camacho por un estrecho margen de 13 puntos. Ahora llega el momento de ver cuál es la verdadera responsabilidad institucional y personal de las candidatas. Una victoria lo es independientemente de las condiciones en que sucede; usando el símil futbolístico, puedes ganar de un gol, o en los penaties, pero, al final, has ganado. La vencedora debería gestionar su triunfo con generosidad: pero la parte perdedora deberá gestionarla con una gran responsabilidad, pues una derrota, no importa lo moralmente enriquecedora que sea, no es una victoria en toda regla; ese tipo de disquisiciones encajan mejor con nuestro ínclito Zapatero. El Partido Popular no necesita enfrentamientos internos. A veces los resultados no nos gustan, pero como personas responsables debemos tener el temple moral de asumir esas derrotas, gestionarlas del mejor modo posible, y volver a intentar alcanzar la victoria desde la legitimidad que nos otorgan no sólo nuestro compromiso con la libertad y la democracia, sino también la defensa de los principios de nuestro Partido, cada día más Popular y más catalán.

Felicidades, Alicia! Tienes un duro trabajo por delante, y el Partit Popular de Cambrils te desea la mejor de las suertes!


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