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"El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe."
Diógenes de Sínope
 
 

 

Un voto de esperanza


Esto se acaba. Apenas unas horas y los españoles decidiremos en los distintos colegios electorales quién va a regir nuestros destinos los próximos cuatro años. Ha sido ésta una campaña inusualmente larga, debido en gran parte a la crispación insana que ha provocado el Sr. Rodríguez Zapatero en todo el país. Porque, no lo duden, no ha sido el Partido Popular, como los hechos y la realidad se han encargado de demostrar, el que ha propiciado este enrarecido clima político.


Zapatero pasará a la historia por el primer Presidente de España que ha conseguido dividir a la población con las medidas más sectarias y controvertidas, y el primero que ha gobernado a golpe de encuesta, interés personal y ocurrencia. Todos pensamos que en su fuero interno Zapatero siempre se ha visto como un mesías de la izquierda, un redentor socialista (y conste que el símil religioso no es casualidad). Sólo así puede entenderse el encono con el que se ha preocupado de sacar adelante proyectos tan peregrinos como la Ley de Memoria Histórica (Ley que él mismo ha incumplido, como se ha demostrado cuando en Alcalá de Henares ha aparecido una fosa común que ha sido ocultada durante más de un mes, probablemente porque está situada en zona republicana), o la Alianza de Civilizaciones, verdadero fiasco de discutible utilidad real. Y eso por no hablar de la negociación con ETA. El Partido Popular defendió en solitario, aún a costa de soportar un ataque sin precedentes durante más de tres años, que el Estado no puede ni debe negociar con terroristas. Cuando una explosión destrozó la terminal 4 de Barajas, matando a dos personas, pareció que el Jefe del Ejecutivo recapacitaba: craso error, pues aprovechó para mentir a todos los españoles, como él mismo reconoció a la prensa.


Quizás el recuerdo que quede más vivo de esta legislatura es el intento de arrinconar a la mitad de un país en un ejercicio antidemocrático y sectario como fue el Pacto del Tinell, ese que Zapatero dijo desconocer en cierto debate, y que luego aparecía en el libro blanco que esgrimió ante Rajoy. Un hecho de estas características debería dar una idea clara del auténtico talante de quienes lo impulsaron. Luego ha recibido otros nombres, como “cordón sanitario”. Ningún país democrático de la esfera occidental habría tolerado siquiera la idea de un acuerdo de tales características.


Y respecto a la economía… ¿qué decir? Ya se han corrido ríos de tinta sobre la despreocupación del gobierno socialista ante la situación financiera de las familias. La principal preocupación de Rodríguez Zapatero y su Oficina de asuntos económicos ha sido gestar operaciones como el asalto a Endesa, que el Tribunal de Justicia de la unión europea acaba de dictaminar vulneraba la legislación comunitaria. Entretanto el paro desbocado, la inflación descontrolada y las hipotecas al alza. Demoledor.


Por eso es necesario un cambio. Rodríguez Zapatero ya ha demostrado de lo que es capaz. Cuatro años más de sectarismo y desgobierno, de negación de la realidad, de enfrentamiento constante, no son lo que necesita nuestro país. Un simple vistazo a la campaña socialista es tristemente revelador: no hay propuestas, sólo ataques al Partido Popular. En Cataluña la estrategia socialista del miedo “a la derecha” alcanza el paroxismo con una publicidad execrable. ¿Cómo se puede vender la ”Cataluña optimista” y al tiempo amenazar a la población (si tu no vas ellos vuelven)? ¿Cómo se puede articular una campaña sin mensajes ni propuestas? Es ese el auténtico esperpento de la izquierda española. No pueden siquiera mostrar los logros de sus cuatro años de gobierno pues no los hay. Las pocas medidas que han llevado adelante sólo han beneficiado a pequeños sectores de la población, y ellos lo saben. Sus ayudas a dependientes, mujeres y jóvenes han sido operaciones de mercadotecnia, así como su política de vivienda.


Ante tanta incompetencia queremos pedir a los electores que nos otorguen su confianza. Hay esperanza. El Partido Popular tiene las ideas claras, la fuerza de la convicción y la voluntad de devolver a España al lugar que le corresponde en el mundo. Estamos convencidos de tener soluciones efectivas para sortear la crisis y mejorar la vida de las familias. Hay que desterrar el gobierno para unos pocos, las ideas peregrinas y la indefinición moral. El voto para el Partido Popular es la mejor elección: es el voto de la esperanza en que hay un futuro mejor que el que es incapaz de proponer Rodríguez Zapatero.

 

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