
Educación: Asignatura Pendiente
Sólo la inesperada derrota electoral de hace cuatro años impidió que el Partido Popular llevara a cabo una reforma del sistema educativo que empieza a ser ya no sólo necesaria, sino imprescindible. Varias generaciones de jóvenes han sufrido en sus carnes un estilo de enseñanza basado en unos valores anacrónicos y que se han demostrado inútiles y contraproducentes.
Nuestro país vecino ha iniciado una reforma muy interesante y de la que podríamos extraer varias ideas. El Ministro de Educación, Xavier Darcos, propone, entre otras cosas, un "retorno a lo fundamental". Aunque parezca mentira a estas alturas, van a reforzar la enseñanza del francés, haciendo hincapié en la ortografía, la gramática y el vocabulario. Vuelven a introducirse en el temario la redacción y el recitado. Pero, por encima de todo, la instrucción cívica y moral reemplaza a la mera educación cívica. Los alumnos deberán conocer los valores fundamentales de la República francesa, pero también aprenderán higiene, los riesgos de Internet e incluso las bases de la moral, las buenas costumbres y el saber estar.
En el caso de la Historia, vuelve a introducirse el ejercicio de la memoria, y los chicos deberán estudiar a los grandes personajes y recordar las fechas de los principales acontecimientos históricos. En el terreno del deporte, se aumenta el tiempo destinado a tal efecto, y se pretende que sea un medio para enseñar a respetar las reglas.
Algunos sociólogos y filósofos llegaron a proclamar en 1968 que "la ortografía es fascista". Lo cierto es que hace unos años una reforma de tal calado le hubiera supuesto a Darcos una condenación definitiva a propósito de la "alienación burguesa" del "arbitrio educativo", como pone acertadamente de manifiesto un editorial del diario francés Le Figaro. Pero lo cierto es es que las reacciones de la progresía francesa han sido muy tibias.
España, como siempre, es diferente. Varias generaciones, decíamos, han sufrido el sistema educativo socialista, pero sólo ahora empezamos a ver sus emponzoñados frutos. La violencia y el fracaso escolar no dejan de aumentar. Los profesores ya no son un referente, sino una figura desprovista de toda autoridad y muchas veces objeto de burla, escarnio, o, incluso en algunos casos, pura agresión física. Todos los informes coinciden en que nuestro país se encuentra a la cola de Europa en Educación. Las Universidades Europeas no convalidan nuestros títulos y no hay ninguna Universidad española entre las 200 más prestigiosas del mundo. ¿Puede alguien en su sano juicio sentirse orgulloso de este bagaje?
La respuesta del gobierno ZP a este problema ha sido EPC, Educación para la Ciudadanía. No es importante enseñar a los jóvenes a defenderse en el mundo real con las herramientas adecuadas, sino aleccionarles en un pensamiento único. No importa que haya sido siempre éste el modus operandi de los estados totalitarios, fascistas o comunistas. Y luego hay quien se sorprende de que los defensores de la presunta izquierda tolerante sean los que impiden el ejercicio de los derechos democráticos básicos, como recientemente hemos podido comprobar en los casos de las agresiones a Rosa Díez, María San Gil o Dolors Nadal.
La sociedad española necesita una gran reforma educativa, que convierta el mérito, el trabajo y el esfuerzo en los valores principales del alumno, y que devuelva al profesor a una posición de autoridad, que no de autoritarismo, que nunca debió perder. Hay que racionalizar los temarios, garantizando que todo alumno español domine la lengua común con garantías, y así como todo alumno inmigrante, para facilitar su adaptación. Hay que asegurar que cada alumno domine las disciplinas esenciales, tales como las matemáticas, la geografía, la historia o la literatura. Cuando tuvimos la oportunidad no pudimos hacerlo, pero esta será una de las principales prioridades del próximo gobierno popular.

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