Nadar y guardar la ropa
La compleja situación que vive nuestro país está empezando a forzar una progresiva e irrefrenable inestabilidad que aunque gestada en la economía se desplaza cada vez con mayor celeridad al ámbito político. La inacción del gobierno Zapatero está siendo asumida por todos los agentes sociales; sólo así se entienden las soflamas de los sindicatos en pasado 1 de mayo o las declaraciones de destacados dirigentes de Convergència i Unió.
Tras la intervención del Sr. Durán i Lleida, proponiendo la idea de un adelanto electoral y la formación de un gobierno de concentración, La Vanguardia publica el domingo 9 de mayo una entrevista con Artur Mas, que apunta en la misma dirección. Según sus propias palabras, “Zapatero está amortizado y debería ser sustituido; sustituido por alguien del PSOE para después ir a elecciones... “. Estas palabras son una exacta réplica de una intervención de Mariano Rajoy en el Parlamento. El aluvión diario de noticias y opiniones hace que sea prácticamente imposible recordar quién dijo qué sin la ayuda de la hemeroteca.
La cuestión es que estando de acuerdo en la premisa básica, que Zapatero está acabado y su gestión tiene visos de llevarnos a un desastre de proporciones épicas, e incluso apuntando una posible solución, factible e incluso deseable, Artur Mas se desentiende de la misma declarando que no apoyaría una moción de censura, amparado en el hecho de una supuesta hostilidad del Partido Popular contra Catalunya. Al parecer el famoso recurso presentado ante el Constitucional constituye la base de esa afrenta, pero a casi nadie hemos oído reclamar que se solicite a otras instituciones que retiren otros recursos interpuestos, tantos como siete. ¿Por qué no se le pide al Defensor del Pueblo? ¿Por qué no a la Comunidad de Aragón?
La única respuesta es que el recurso es una excusa para buscar un chivo expiatorio que justifique el fiasco que ha representado el tan traído y llevado Estatut. En estos momentos hay incluso destacados militantes socialistas que ponen en duda si ha valido la pena el proceso estatutario, un proceso que muchos han considerado como el pobre balance de dos legislaturas de gobierno tripartito en Catalunya.
En todo caso, hay una cuestión preocupante: ¿podemos confiar en el ámbito de un hipotético gobierno de concentración en un partido político que antepone los intereses de una parte de los ciudadanos a las de la totalidad?
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